Estuve (aún estoy pero en otra etapa) dentro de un círculo vicioso.
Iba y venía cuantas veces le daba la gana. Yo, sin voluntad. Siempre esperaba.
Mis días transcurrian entre lágrimas y desasociego.
Nada me hacía sentir completa, ni familia, ni amigos, ni trabajo, ni siquiera el entusiasmo de volver a estudiar.
A los ojos externos, lo tenía todo; ante los míos no tenía nada.

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